jueves, 22 de enero de 2015

Sabroso y sano

Renunciar a las cosas que nos gustan, que nos encantan, que nos deleitan y que suponen pequeñas gratificaciones y momentos de felicidad, a cambio de una mejor salud parece un trato francamente mejorable, y lo es.


Nuestro cuerpo puede comer/asimilar  todo tipo de alimentos y de mil formas preparados. Es inconcebible que no sepamos encontrar los alimentos que nos encanten y beneficien.


Probemos todos los alimentos del supermercado, que podamos pagar, preparados de, al menos, tres formas diferentes. Esto es una aventura divertida, sorprendente y sencilla.
Todo lo que nos guste y resulte muy perjudicial en exceso, lo comemos y disfrutamos con sensatez. Todo lo que nos guste y resulte poco perjudicial en exceso, lo comemos y disfrutamos con asiduidad.
Raro será que lo que no nos guste sea imprescindible.


El equilibrio entre la sensatez y la asiduidad  dependerá de nuestras pretensiones: estar bien, estar arrebatador, estar ágil , estar atlético...


Comemos varias veces al día y todos los días, nadie nos obliga a comer ( ni qué productos ni en qué cantidades ) y sabemos observar el efecto de lo que comemos. Tenemos, pues, las herramientas para gestionar una buena alimentación, así que...


¡ A comer !


















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