viernes, 20 de julio de 2018

Serpeando por nuestras arterias

El colesterol es parte estructural de todas nuestras células y esencial para la formación de algunas hormonas y la vitamina D, vamos, que no es el enemigo. Un exceso de colesterol circulante por nuestras arterias, ya sea por cuestiones genéticas, metabólicas o dietéticas, supone un riesgo para nuestra salud cardiovascular porque el colesterol forma parte de la placa de ateroma capaz de colapsar el flujo sanguíneo en la zona de la placa o a distancia mediante émbolos. Poca broma.

Si en una analítica nos detectan el colesterol total elevado (>200) y en la consiguiente analítica de estudio un colesterol LDL (lipoproteinas de bajo peso molecular, "colesterol malo") también elevado (>130), entonces hay que ponerse en marcha.

Lo primero es anular otros factores de riesgo cardiovascular que multiplican exponencialmente el riesgo, así que sobrepeso/obesidad, hipertensión arterial, alcohol, tabaco y estrés deberían quedarse fuera o salir por la puerta para no volver.

Y centrándonos en el colesterol la consigna es hacernos con una lista de alimentos ricos en colesterol, grasas saturadas y grasas trans; y otra lista con alimentos ricos en aceites omega 3. Y a partir de ahí, sin radicalismos, actuar en consecuencia. Hay una enorme oferta de complementos alimentarios para reducir el colesterol que efectivamente son un complemento.

Si la reducción no es lo suficientemente eficaz, entonces los medicamentos juegan un papel relevante porque han demostrado su eficacia en la reducción del colesterol y lo que es más importante, en la reducción del riesgo cardiovascular.

Para evitar un colesterol alto, para reducirlo y/o para tratarlo estamos en entera disposición.

Un cordial saludo.










Saltar en marcha

La primera causa de muerte no natural en España es el suicidio. En muchos casos es evitable pero para que realmente sea evitable ha de hablarse de él. No se habla del suicidio porque el entorno del suicida queda consternado, y frecuentemente incumbido, y porque la sociedad lo ha asimilado a una perturbación mental.

Sin sentido, carga, rotura, inútil, asco, miedo o dolor insoportables y sin fin...son ideas abisales que se intensifican ante la indiferencia o la lástima. La escucha empática, capaz de transmitir que a alguien le importa, y la actitud constructiva, capaz de presentar alternativas, son las más poderosa herramientas contra el suicidio.

Que el sufriente importa, que el sufrimiento puede acotarse y que el suicidio hiere al entorno, son cabos para sujetar un "hoy no".

Ni es sencillo, ni es breve, ni es agradable. Hablar del suicidio es el camino para reducir el número de tragedias y para paliar las que ya están, en marcha.

El suicidio está entre nosotros y nos atañe.